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PUBLICACIONES SOBRE GUERRERO

Diarios de Campo

 Ensayos y apuntes I (2004)

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Ensayos y apuntes II. Homenaje a Roberto Cervantes (2005)

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Por los caminos del sur...(2006)

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Afrodescendientes en Acapulco y la Costa Chica de guerrero y Oaxaca (2007)

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William Niven: explorador y aventurero (2008)

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Santa Prisca y San Sebastian (2009)

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Reseñas de Libros

Diálogos con el territorio: simbolizaciones sobre el espacio en las culturas indígenas de México: volumen III

 

Alicia Barbas (Coordinadora)

Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 2003.

 

Estudios sobre modelos territoriales de las antiguas culturas asentadas en los estados de Guerrero, Oaxaca, Tehuantepec, Yucatán y la frontera sur. Los estudios están basados en documentos arqueológicos e históricos.

 El pasado arqueológico de Guerrero

 

Christine Niederberger, Rosa María Reyna Robles

 

EDUARDO MATOS MOCTEZUMA

Miembro de El Colegio Nacional

7 de marzo de 2003

 

 

Cursaba el segundo año de la carrera de arqueología en 1960, cuando el profesor José Luis Lorenzo, quien impartía la cátedra de "Métodos y Técnicas Arqueológicos I", nos encomendó que revisáramos el libro de Pedro Hendrich Por tierras ignotas, escrito en 1945. Ya el título del libro llamaba a reflexión, pues las tierras ignotas a que se refería el autor comprendían buena parte del estado de Guerrero. Todo esto estaba en relación a los trabajos que deberían de emprenderse poco después en varias presas hidroeléctricas como las de El Infiernillo y Palos Altos, en donde participarían alumnos y personal del entonces Departamento de Prehistoria. A cuarenta años de distancia el panorama algo ha cambiado.

 

Si bien el estado de Guerrero tiene aún regiones inexploradas, también es cierto que en los últimos treinta años se han incrementado diversos trabajos que han venido, sin lugar a duda, a darnos una información rica y novedosa de las áreas que lo componen. Prueba de ello es el libro que hoy presentamos. Coordinado por Cristine Niederbeger y Rosa Reyna, en El pasado arqueológico de Guerrero se conjuntan un buen número de artículos que en mucho ayudan a comprender desde aspectos cronológicos hasta problemas específicos de la región. Sin embargo, bien advierten Jaime Litvak y Paul Schmidt en la presentación del mismo la urgente necesidad de llevar a cabo investigaciones sistemáticas y cubrir áreas como la Sierra Madre, la Costa Chica y la Sierra dapaneca. A ello se une lo dicho en 1984, hace ya casi veinte años:

 No hay secuencias firmes para todo el Estado. No hay tipologías que puedan ser comparadas con los hallazgos nuevos. No hay ni siquiera un catálogo al día de los sitios.

 

No podemos pasar por alto los trabajos pioneros de quienes se aventuraron en otros momentos a penetrar en el pasado de Guerrero. El nombre de Miguel Covarrubias encabeza, con justicia, la lista. Su interés en la arqueología se inició en Tlatilco, adonde acudía acompañado de Diego Rivera y allí entró en contacto con la peculiar cerámica del lugar. Después atrajo su interés lo olmeca y creyó encontrar el origen de este pueblo en Guerrero. En la década de los años cuarenta Covarrubias prestaba atención a la región de Mezcala y decía:

 ... el rio Balsas contenía la fuente del jade olmeca en antiguas minas aun hoy desconocidas, y que en estas alejadas regiones se habría de hallar algún día un yacimiento olmeca de importancia.

Fue en la cuarta Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología en donde presento su primera ponencia sobre lo encontrado y que llamo "Tipología de la industria de la piedra tallada y pulida del valle del rio Mezcala". Del autor dice Adriana Williams:

 Miguel era un firme defensor de la idea de emprender exploraciones en Guerrero para ensanchar la comprensión del legado cultural de México.

 

En relación a la primera cita, posteriores trabajos de David Grove en la cueva de Oxtotitian y de Guadalupe Martínez Donjuan en Teopantecuanitlan, entre otros, vinieron a corroborar la importancia de la presencia olmeca en la región. En cuanto al estilo Mezcala plasmado en figurillas y rostros, mucho es lo que se ha aclarado con trabajos recientes sobre el tema y que pueden leerse en este volumen. Los 23 artículos que lo comprenden penetran en aquellas tierra ignotas y develan un rico pasado cultural: desde las presencias de los pueblos locales allí asentados hasta el poder impositivo que llevo a los grandes imperios mesoamericanos, como el teotihuacano y el mexica, a poner su atención en ella. Entre los primeros, tenemos el de CristineNiederberger, que abre el volumen y nos deja ver la riqueza cultural de Guerrero basada en el dato arqueológico y el etnohistórico, sin serle ajena la información acerca de mitos y costumbres actuales. De la misma autora cabe destacar su trabajo acerca de las redes de intercambio en Mesoamérica antigua durante el Preclásico. Por su parte, Rosa Reyna, también coordinadora del volumen, nos regala con tres trabajos. En el primero se refiere a la cultura arqueológica Mezcala, en donde nos da un panorama reciente de las investigaciones en la región, mencionando los Proyectos Valle de Xochipala, Zona Mezcala, El Caracol, Cocula, la Organera-Xochipala, Teopantecuanitlan y el rescate en Chilpancingo, todos ellos con aportaciones significativas para aclarar lo relacionado con la arqueología regional. En el segundo trabajo trata lo referente a la bóveda corbelada y su presencia en Guerrero, en donde aporta información novedosa además de hacer crítica de algunos trabajos que trataron el tema. El tercer articulo trata de "Esculturas, estelas y lapidas de la región del Balsas...". Invaluable resulta el recuento que de estos materiales proporciona la autora.

 

Las culturas regionales están presentes a través de otras aportaciones, como la de Louise Paradis sobre Ahuinahuac o trabajos de región como son los del Valle de Cocula, en donde se analiza la arquitectura y los sistemas constructivos por parte de Rubén Cabrera y las exploraciones en el Valle del rio Cutzamala, de Antonieta Moguel. No faltan, desde luego, estudios de sitios o temas específicos como son los de Rubén Manzanilla, Arturo Talavera y Juan Martin Rojas en Cuedajuchitlan; los "Apuntes sobre la arqueología de Tlapa, Guerrero", de Elizabeth Jiménez y los datos arqueológicos de Zacatula de Salvador Pulido Méndez. Por su parte, Rubén Maldonado participa con un sugestivo trabajo sobre "Las paletas del Infiernillo, Michoacán-Guerrero y las Hohokam del Suroeste de los Estados Unidos" y el interesante tema de la metalurgia tratado por DorothyHosler. El volumen se enriquece con el estudio arqueológico-ecológico de la Costa Grande, de la autoría de Lauro González y Jesús Mora en donde vemos la riqueza del litoral guerrerense desde la perspectiva del biólogo y del arqueólogo sin olvidar aspectos climáticos y de otra índole. La presencia de estudiosos como Irmgard Jhonson y Guadalupe Mastache cobra forma en el artículo "Tejidos prehispánicos de Guerrero" y también se incorporan los trabajos de restauración y conservación de textiles de la región de Guerrero realizados por Martha Cecilia González y Fernando Sánchez, todo ello complementado con el escrito de Elizabeth Jiménez sobre el norte de Guerrero y la presencia en cuevas de materiales orgánicos, como tejidos y cestería.

 

Las relaciones de los pueblos locales con los imperios están presentes en varios trabajos. Interesante resulta el estudio de Jay Silverstein acerca de la frontera mexica-tarasca en el norte de Guerrero, en donde Pedro Armillas dejo huella en su ya clásico estudio sobre la fortaleza de Oztuma. Silverstein nos habla de los altepemeh y las relaciones con el imperio mexica. Su importancia la vemos en la presencia mexica en Iguala, de Guadalupe Goncen; "Los tributos guerrerenses a los señores de Tenochtitlan", de Mohar Betancourt, y la "Presencia del sur en el Templo Mayor de Tenochtitlan ", de Eduardo Matos. El ámbito de los dioses y en particular de XipeTótec queda plasmado en la pluma de Anne Marie Vie-Wohrer. Siempre nos preguntamos por qué tanto interés de los imperios en la región sureña. Veo como respuesta tres poderosos motivos: los yacimientos de diversas "piedras verdes" con toda su carga simbólica y económica; la producción agrícola, como la del algodón y otras variedades de frutos, además de un amplio litoral rico en especies marinas y, finalmente, que Guerrero está ubicado exactamente al sur de estos Estados imperiales, en el rumbo sur del universo con toda la connotación simbólica y mítica que esto conlleva.

 

El volumen termina con una llamada de alerta que hacen las coordinadoras del volumen: "Saqueo y destrucción del patrimonio arqueológico en la Cuenca del Rio Balsas: una llamada de auxilio". Las palabras finales son un reclamo que lo dicen todo:


¿Hasta cuando Guerrero dejara de ser, como lo constato ya en 1944 Roberto J. Weitlaner, una mancha blanca en el mapa arqueológico de Mesoamérica? ¿Hasta cuando Guerrero dejara de ser nombrado tierra ignota? Es tiempo ya de que todos, por todos los medios, evitemos que se sigan destruyendo los sitios arqueológicos, en particular en la Cuenca del rio Balsas.

 

La somera descripción que he hecho de los artículos espero sea motivo para atraer la atención de los lectores. El libro es de obligada lectura tanto para el especialista como para quien desee penetrar en la arqueología de Guerrero. Su publicación se debe al Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, al Gobierno del Estado de Guerrero y al INAH.., pero de manera muy especial doy las gracias a sus coordinadoras CristineNiederberger y Rosa Reyna. A la primera porque nos dejó un legado de seriedad y entrega. A la segunda por continuar recorriendo los viejos caminos del sur...

En Guerrero nació la patria, de José Gómez Sandoval.

José Gómez Sandoval

Instituto Guerrerense de la Cultura, 2010, 81 p.

 

 

El texto En Guerrero nació la patria. Las rutas de la independencia en el Sures una lúcida contribución a la literatura regional. De manera amena se lleva al lector a recorrer parte de la historia local. Como se advierte en la misma obra, "es un texto que rehila nombres, fechas y lugares destacados en Las rutas de la independencia en el Sur, en la secuencia que permite el torbellino de combates y decisiones que a lo largo de once años -y más- hizo de pueblos, ríos y montañas del Sur el escenario natural de la epopeya libertaria de México. La ruta nos lleva del momento en que José Morelos y Pavón cruzó el río Balsas a la conformación del Estado de Guerrero. El autor subraya lo indispensable que fue la participación de hombres y mujeres del Sur en la larga y violenta lucha, y redimensionando una frase del tixtleco Ignacio Manuel Altamirano, asegura que en Guerrero nacio la Patria, 'adolescente, briosas y hercúlea'. Una profesa relación de imágenes -retratos, monumentos históricos, iglesias y edificios públicos, costumbres y tradiciones, música y baile, gastronomía y productos artesanales de Guerrero- acompaña la ruta de lectura para que los guerrerenses reubiquen sus recuerdos personales y para que quienes no lo sean conozcan más de la tierra y la gente, al tiempo que siguen los pasos de la historia mexicana en el Sur". Debe señalarse que en la edición se consigna que las numerosas fotografías y dibujos corresponden a: Héctor Suástegui Salmerón, Rubén Ocaña Altamirano, Marino Bernardino Adame, Susana Carrillo Rocha, Jazmín Virto Sánchez, Sócrates Moyao, Ramiro Reyna, Joel Alcaraz Basilio, Óscar F. Martínez Dolejal, Angélica Gutiérrez y Salgado, Raúl Vélez, Rafael Ricardo Klimek y José Gómez Sandoval. Ojalá y llegue a manos de muchos guerrerenses, para que encuentren esos rasgos de identidad de la que estamos tan ayunos. [http://guerrerocultural05.blogspot.mx/2010/09/en-guerrero-nacio-la-patria-de-jose.html]

 

 

Entre dos mundos: artesanos y artesanías en Guerrero

 

Alba Guadalupe Mastache Flores y Elia Nora Morett Sánchez

INAH, México, 1997, 263 pp.

 

Este libro constituye un estudio de carácter regional acerca de las artesanías en el estado de Guerrero; incluye una amplia gama de expresiones artesanales que intentan mostrar la variedad y dinámica de la artesanía en el estado. Las autoras dividen las artesanías en tres grupos. El primero es el de las artesanías tradicionales que funcionan en su contexto original como la alfarería, los morrales de ixtle, la pirotécnia, la orfebrería, los rebozos, etcétera; el segundo grupo es el de las derivadas de manifestaciones artesanales tradicionales como la cestería y el papel amate; el tercer grupo es el de reciente creación como la platería, la hojalatería y el trabajo en concha.


 

Espacio y tiempo del Museo Regional Cuauhnáhuac. Palacio de Cortés

 CONACULTA-INAH, México, 2001. 158p.

 

 

Por más de cuatro siglos el Palacio de Cortés tuvo diversos usos: taller, prisión y sede de los gobierno nacional y estatal, y no es sino hasta 1971 que bajo la tutela del Instituto Nacional de Antropología e Historia se convierte en el Museo Regional Cuauhnáhuac, el cual abrió sus puertas al público en 1974. En el marco del vigésimo quinto aniversario del Museo surge la presente miscelánea de textos, que describen y detallan el sitio histórico y son capaces de transportarnos en cada página al lugar mismo, a su riqueza y su magia. Además, abren un amplio abanico para conocer y apreciar el lugar: el descubrimiento de Cuauhnáhuac por Hernán Cortés, la construcción de su palacio en ese lugar, la descripción de la colección del Museo, el análisis iconográfico de algunos monolitos que enriquecen el sitio, una reseña acerca de los trabajos de restauración y, finalmente, una muy interesante cronología de Cortés, de sus descendientes y de diversos propietarios. A los textos los enmarca el trabajo fotográfico de Adalberto Ríos Szalay.

Estudio etnocoreográfico de la Danza de Conquista de. Tlacoachistlahuaca, Guerrero

 

Maira Ramírez

INAH, Colección Etnografía de los Pueblos Indígenas de México, México, 2003, 590 p.

 

El principal aporte de este trabajo es proporcionar una descripción detallada de la representación de La Batalla (Danza de Conquista) realizada por los danzantes del pueblo de Tlacoachistlahuaca, Guerrero. El registro del "hecho dancístico" contiene la notación simultánea de los códigos musical, teatral, mímico y dancístico. Además, a partir de un modelo qu considera el eje sonoro-kinético-coreográfico aplicado para su análisis, se precisan ocho reglas básicas de composición utilizadas en la representación de La Batalla.

 

La primera vez que observamos La Batalla (Danza de Conquista) entre los amuzgos fue en 1989, en la fiesta patronal de Xochistlahuaca, Guerrero. En diciembre de 1992, durante la fiesta de la Virgen Purísima de la Concepción en el poblado de Tlacoachistlahuaca, hincamos el registro detallado de la representación de La Batalla. El registro de trece horas consecutivas de ejecución dancística nos ocupó siete años de trabajo de campo. En ese lapso hemos presenciado alrededor de diez veces la danza completa, en ensayos y presentaciones finales, durante los meses de noviembre y diciembre.

Estudios Etnobiológicos Pasado y Presente de México

 Aurora Montúfar López (coordinadora)

 INAH, México, 2003. 313 pp.

 

 

Esta obra reúne estudios de arqueobotánica y zooarqueología del Templo Mayor de Tenochtitlán y Tlatelolco, y una síntesis histórica y ecológica del ahuehuete (árbol sagrado, prehispánico). También aborda temas de la apropiación de los recursos naturales por los tlapanecas de Malinaltepec, Guerrero; la etnofauna de los huaves y zapotecas de Tehuantepec, Oaxaca; la etonbotánica entre los zoques de Tecpatán, Chiapas, y el aprovechamiento forestal tradicional de la vegetación secundaria por un grupo de mayas de Quintana Roo. De Epazoyuca y Villa de Tezontepec, Hidalgo, reporta estudios de la dieta infantil y la disponibilidad de la naturaleza para fines alimenticios, y más aún enuncia la práctica de la producción piscícola en estanques rurales. También trata sobre el cultivo de Oxalis tuberosa; de los verbáscosidos del tepozán y su utilidad para contrarrestar los efectos de los rayos del sol (ultravioleta) en la piel y contiene información taxonómica, etnológica y ecológica de las familias Orchidaceae y Alimataceae, al igual que de las especies del género tagetes. Por último, se argumenta la convivencia de difundir el conocimiento de la etnobiología y la lingüística en la educación superior, para aprovechar, manejar y conservar adecuadamente la riqueza biológica, multiétnica.

 

Guerrerenses en Chicago

 

El Guerrero de allá… los Guerrerenses radicados en Chicago, Illinois [Editorial Titán, 2005] de Marco Antonio Mönge Arévalo, es una obra que nos presenta una visión de los guerrerenses que han salido del estado y viajado a Estados Unidos, específicamente a Chicago. En la contraportada se lee: “Por fin llegué a la terminal de autobuses en Chicago. Lucía abarrotada, gente por todos los lados: norteamericanos y latinos en su mayoría, entre ellos, los mexicanos”.

 En la búsqueda del sueño americano cientos de guerrerenses cruzan la frontera norte para encontrar una situación de vida mejor, trasladan sus ilusiones, sus valores y costumbres. Marco Antonio Monge logra en esta investigación percibir los sentimientos encontrados de la gente suriana que llega a la “ciudad de los vientos”. // Las pautas de comportamiento, las normas y valores que poseen los guerrerenses, los han llevado a conformar diversos grupos sociales que les permiten cohesionar a sus paisanos, no sólo en el extranjero, sino también con sus lugares origen.

Los vasos comunicantes, las remesas, las tradiciones y los festejos hacen que la comunidad mexicana en Chicago se posesione como uno de los grupos principales para el desarrollo de ese estado norteamericano. // El autor nos lleva de la mano a través del análisis certero, pero al mismo tiempo nos recrea con un lenguaje lleno de credibilidad y de sabor de nuestra gente, resultado de las entrevistas concedidas durante su viaje. // El viaje tiene siempre un retorno, un constante regreso, físico o mental, que produce conciencia histórica, y que brinda la oportunidad para que las experiencias permitan que un grupo se perpetúe por sí mismo y perduren en el orden social”. [http://guerrerocultural05.blogspot.mx/2010/11/guerrerenses-en-chicago.html]


 

Historia de una escuela bilingüe en Acapulco

Rogelio Solano Lorenzo escribe en uno de los prólogos del libro: "...me siento muy contento y orgulloso de ser el fundador de una escuela bilingüe en Acapulco, estoy comprometido con educación indígena. Hablo y escribo mi lengua Tu'unSavi. Soy taasavi. No me avergüenzo de mi lengua, nuna negaré mi lengua". La obra Nuestra historia Escuela Ve'eSavi [2010, 174 p. ISBN 978-807-00-1643-1] es editada por la Secretaría de Asuntos Indígenas del Gobierno del Estado de Guerrero y cuenta con el aval de la Universidad Autónoma de Guerrero a través del Comité Editorial del CA 111. En la contraportada se lee: "A 15 años de haber implementado el proyecto Escuela Primaria Bilingüe Indígena Ve'eSavi -ubicada en la colonia Ampliación Unidos por Guerrero, municipio de Acapulco, estado de Guerrero, México- los actores sociales participantes ofrecen su historia para ser leída, comprendida y apoyada. // A través de testimonios, entrevistas a profundidad, pensamientos, palabras, dibujos e imágenes, tanto directivos como profesores (fundadores y actuales), alumnos, egresados, padres y madres de familia, colonos, recrean la memoria histórica de la escuela Ve'eSavi con carácter identitario y visio´n intercultural. // Indígenas nasavi, me'pha, ñomndaa, nahuas, afromestizos y mestizos conviven en un microcosmos multicultural que deviene una extensión de sus culturas, de sus raíces que le dan fuerza y razón de ser ante el embate de la globalización. La lengua hablada y escrita es la manifestación más clara del proceso de rescate y preservación de las raíces culturales de una historia secular que defiende su razón de ser". La obra es de la autoría de Gabriela Barroso, Beatriz Canabal y Nicolasa García. La obra resulta de mucho interés, pues como menciona Crispín de la Cruz Morales en la presentación: "Los testimonios plasmados en el presente libro, además de hacer pública la labor y el esfuerzo de los migrantes indígenas para conseguir el funcionamiento de la primera escuela bilingüe de Acapulco que garantizara la educación básica paras sus hijos, permitirá al lector conocer o corroborar las capacidades de la población indígena; le permitirá también eliminar la idea que el indígena es un actor social pasivo y en espera de la beneficencia pública, por más que ciertas actitudes y políticas asistencialistas se empeñen en mantenerlo bajo esa condición; hará posible también conocer que los más de 20 mil indígenas que han migrado y nacido en Acapulco poseen una especificidad forjada en un contexto adverso y hostil que más que debilitarlos ha fortalecido su identidad étnica y su cohesión social". [http://guerrerocultural05.blogspot.mx/2011/01/historia-de-una-escuela-bilingue.html]

 

Historia y cultura tras el glifo. Los códices de Guerrero

 Blanca M. Jiménez P., Samuel Villela

INAH, México, 1998, 198p.

Los códices o “libros pintados”conforman uno de los más importantes acervos documentales de los pueblos indígenas. En ellos han quedado plasmadas la historia y la tradición de los grupos prehispánicos que tuvieron un sistema de escritura y la de aquellos que, durante la Colonia, sintetizaron ese saber con la forma castellana de representación gráfica. En este libro se presenta el estudio de algunos de los códices encontrados en el actual estado de Guerrero: el Códice panel de Chiepetlan; documentos pictográficos sobre tierras, como son códices historicocartográficos y mapas; el Lienzo de Peltacal, el Lienzo de Choachimalco y el Códice de Culuac, entre otros. Los autores analizan las temáticas contenidas en ellos: documentos sobre tierras, economía, rito y mito, y códices y vivencias. Como complemento del trabajo se incluyen dos catálogos de códices: foráneos y locales, con los comentarios respectivos e imágenes de algunos de sus pliegos.

 

Homenaje a Jaime Litvak

 

Antonio Benavides, Linda Manzanilla, Lorena Mirambell

 

INAH-Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM, México, 408 pp.

 Renovador en el campo de la arqueología, generador de nuevas técnicas y recursos para la investigación, divulgador de las ciencias y artes, formador de generaciones de antropólogos, Jaime Litvak es sin duda un personaje destacado en el ámbito académico de México.

Independencia y revolución en Guerrero

Jaime Salazar Adame (Coordinador). Independencia y Revolución en el Estado de Guerrero, México, Consejo de la Crónica del Municipio de Chilpancingo de los Bravo, Gobierno del Estado de Guerrero, Ayuntamiento de Chilpancingo, Universidad Autónoma de Guerrero, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2011, 463 p.

El libro que coordina el Doctor Jaime Salazar Adame representa uno de los escasos esfuerzos editoriales serios que se han hecho para difundir nuestro pasado histórico y acercarnos a lo acontecido a nivel regional en lo que actualmente es el estado de Guerrero durante la época colonial, el periodo de la guerra de Independencia; durante buena parte del siglo XIX y durante los primeros años de la centuria pasada, en la Revolución Mexicana.

La obra, apoyada para su publicación por diferentes instituciones tanto del ámbito federal como estatal y municipal, es resultado del primer encuentro de cronistas de Guerrero que se celebró hace casi un año, los días 11 y 12 de septiembre del 2010, para guardar, en testimonios escritos, lo sucedido en cada región de la entidad durante aquellas épocas.

La mayoría de los 31 autores que intervienen en la publicación son docentes e investigadores de la Universidad Autónoma de Guerrero, pero también participan miembros del Consejo de la Crónica de Chilpancingo; cronistas de Acapulco, Coyuca de Benítez, Atenango del Río, Ciudad Altamirano, Mochitlán, Atoyac de Álvarez y Tecpan de Galeana; así como investigadores de reconocidas instituciones de educación superior de México y del extranjero: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Universidad Nacional Autónoma de México y Universidad Complutense de Madrid.

Las temáticas son diversas: referencia biográfica de personajes de la Independencia y de la Revolución como José María Morelos, Vicente Guerrero, Pedro Ascencio Alquisiras, los Galeana, los Catalán, Francisco Figueroa Mata, Silvestre G. Mariscal y Juan R. Escudero; o investigaciones sobre el Primer Congreso de Anáhuac, los debates de la Cortes en Cádiz en 1812 y 1821, la consumación de la Independencia en el actual estado de Guerrero, la participación de las mujeres acapulqueñas en la construcción de la nación mexicana, la lucha campesina guerrerense durante la Revolución, el movimiento agrarista en la Costa Grande y en Mochitlán; y crónicas sobre sucesos acontecidos en diversos municipios de Guerrero.

Ojalá y esta obra se constituya en un referente para que los historiadores profesionales, en lo individual o conjuntamente, tracen distintas líneas de investigación y se estudien, con rigor metodológico, las páginas aún ocultas de nuestra historia local, en los diferentes rincones de la geografía guerrerense.

La historiografía de Guerrero, escrita por historiadores nativos, apenas comienza; existen amplias vetas de conocimiento por descubrir no solo en ese campo, sino en cada una de las demás disciplinas humanistas y naturales. Ese es el principal reto académico por venir si comparamos la producción de calidad de instituciones de prestigio como el Colegio de Michoacán, por mencionar a un centro de investigación de un estado vecino al nuestro.

[http://guerrerocultural05.blogspot.mx/2011/09/independencia-y-revolucion-en-guerrero.html]

La máscara de Malinaltepec

 Sofía Martínez del Campo Lanz (coordinadora)

INAH-CONACULTA, México, 245 pp.

 

La máscara de Malinaltepec, un rostro esculpido en piedra, decorado con mosaico de amazonita, turquesa y concha, es sin duda una de las piezas más significativas de las colecciones arqueológicas del Museo Nacional de Antropología.

 

Desde su hallazgo en 1921, la máscara funeraria de origen teotihuacano causó polémica, puesto que el arqueólogo Porfirio Aguirre al hallarla pensó haber encontrado uno de los grandes tesoros de Mesoamérica, pero las autoridades, por el contrario, pensaron que había sido fabricada.

 

Luego de casi un siglo de continuar con esta controversia en torno a sí la pieza era o no apócrifa, una investigación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) demostró su autenticidad.

 

El trabajo acaba de ser publicado como libro-catálogo bajo el título La máscara de Malinaltepec. Esta coordinado por Sofía Martínez del Campo, especialista en máscaras funerarias, la obra compendia siete estudios recientes hechos al objeto prehispánico por una veintena de investigadores.

 

El texto aborda un análisis sustancial y variado respecto a la pieza hecha con 762 teselas (fragmentos de piedra), y cuya antigüedad se calcula en cerca de 1,800 años.

 

Los estudios que reúne el texto son: la caracterización morfométrica; mineralogía, petrografía y características lapidarias; así como un análisis tecnológico de la máscara y el collar que se localizo junto a ella; además de un estudio del adhesivo que se utilizó para pegar las teselas del decorado del objeto funerario.

 

Esta obra es producto de una investigación interdisciplinaria y de gran seriedad, en la cual impresiona que una pieza pudiera reunir a un equipo de más de 20 especialistas en química, mineralogía, petrografía, biología, arqueología y antropología, para estudiarla.

 

Todos ellos pertenecientes a reconocidas instituciones como el INAH, la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Michoacana, la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente, TheUniversityCollege London, entre otros organismos.

 

Los expertos quedaron maravillados con la máscara que une dos tiempos, debido a que fue hecha en dos temporalidades distintas, durante el periodo Clásico (200-900 d.C.), y reutilizada en el Posclásico (900-1521 d.C.) en un entierro.

En un principio la máscara sólo era de piedra verde y sin la cubierta de mosaico. Alrededor de 700 años después se le cubrió con pequeñas teselas cuadrangulares de amazonita, un mineral que en la época prehispánica tenía un simbolismo para la cultura teotihuacana, relacionado con la diosa de las aguas y la fertilidad, Chalchiuhtlicue.


 

La ofrenda sacrificial entre los Tlapanecos de Guerrero

 

Danièle Dehouve

 

Instituto Nacional de Antropología e Historia, Universidad Autónoma de Guerrero, Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, Plaza y Valdés, 2007, 325 p.

 

 

Los misioneros españoles fueron fascinados por los sacrificios humanos practicados por los pueblos del México antiguo. Enfatizando los aspectos sangrientos de las ceremonias, consideraron los sacrificios independientemente de los rituales a los cuales pertenecían.

 

Este libro propone una nueva metodología para estudiar el sacrificio en relación con el ritual, puesta a prueba con el análisis de un tipo especifico de ritual -el depósito ritual-, el cual atravesó los siglos desde los principios de nuestra era hasta nuestros días en el área cultural mesoamericana. Este ritual consiste en depositar en el suelo varios objetos ceremoniales cuidadosamente contados, en niveles verticales sucesivos coronados por un ser sacrificado.

 

¿Qué significan los depósitos rituales?, ¿Una ofrenda a los dioses?, ¿Una maqueta del universo?, ¿Un conjunto de numero por los números?

 

La presente obra contesta a estas preguntas a partir del estudio de los depósitos rituales realizados en la actualidad por los indígenas tlapanecos del estado de Guerrero, México; luego aplicado a otros casos antiguos y recientes, los principios del análisis muestran su validez general.

 

 Los pubertos de mi tierra

En 80 páginas, el ex alcalde de Acapulco narra historias de Tierra Caliente, con personajes reales y ficticios. “Yo diría que crean la mitad”, dice.

 

Con el sello de la editorial Praxis, el ex alcalde de Acapulco y actualmente director de La Jornada Guerrero, Félix Salgado Macedonio, publicó su primer libro, Los pubertos de mi tierra, en el que recoge historias sustentadas en la región de la Tierra Caliente, de donde es originario.El volumen consta de 21 historias contenidas en 80 páginas, donde aparecen los nombres de personajes conocidos o no, en aquella región. “Pensé más si publicaba o no este libro que cuando lo hice”, asienta en el prólogo el autor, y aunque no da ninguna explicación sobre esta duda, la respuesta parece encontrarse en la multitud de nombres que aparecen citados en el libro.

 

–¿Son historias autobiográficas? –se le pregunta.

–Más bien digo que nada es verdad. Yo diría que crean la mitad.

 

Uno a uno, los relatos van dando cuenta de historias que si no son autobiográficas, lo parecen. Es el caso, por ejemplo, del nacimiento del protagonista de las historias, un niño a quien llamarían J Félix (a quien apodarían La Piedra) cuya madre, Aurorita, a punto estuvo de fallecer en el parto.Los hermanos del protagonista se llaman igual que los hermanos del autor, y muchos de sus vecinos de entonces se llaman en el libro como sus vecinos de entonces.En el relato La ley del monte, Salgado Macedonio narra en primera persona cuando a los 13 años se formó una comisión “para llevarme al monte y darle cuenta a mis padres si salía hombre o fresco”. La tal comisión consistía en llevarlo con una burrita, para sostener relaciones zoofílicas, pues era la forma de mostrar su hombría.En otro relato, el niño J Félix es perseguido por unos bandoleros que lo esperan camino a la escuela, y a quienes logra ahuyentar con un machete y con la providencial presencia de un comboy militar.

 

“La primera edición de mil ejemplares comenzó a circular en agosto pasado y ya se está agotando –explicó Salgado Macedonio. Las ventas son a beneficio de una familia con sida, y los mismos beneficiarios son quienes hacen las ventas”.

 

ElPitorreal, Rigoberto ElMemelo, el maestro Salvador Baza, de Las Querendas; Pablo, el del conjunto Los Flamingos, Chabelo Medrano, Gil Montúfar, Orbelín Pineda, entre otros, son los personajes, imaginarios unos y reales otros, que pueblan este libro.

 

–¿Y en qué acabó el asunto de la comisión para ir con la burrita? –se le pregunta al autor.

–Nada más hay que leerlo, está en la página 41 –responde entre risas.

 

[http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2010/09/27/index.php?section=sociedad&article=008n1soc]

Migración guerrerense

Marco Antonio Mönge Arévalo nos ofrece su obra Al otro lado del río... [Miguel Ángel Porrúa, 2009]. En la contraportada de la obra se lee: “¿Quiénes son los guerrerenses que habitan en Estados Unidos de Norteamérica? ¿Qué hacen, dónde trabajan, cómo viven? ¿Por qué emigran? ¿Qué rutas toman al cruzar la frontera? ¿Cómo se organizan? A estas y otras interrogantes da respuesta el creador de la obra Al otro lado del río, serie especial de reportajes y artículos publicados en dos de los periódicos más importantes de Guerrero: La Jornada Guerrero y El Sur. Los datos reportados en este trabajo de investigación periodística corresponden a la experiencia de vida que el autor tuvo con guerrerenses al cruce de la frontera norte y en las ciudades de Chicago, Illinois; Atlanta y Dalton, en Georgia; y New York. Al otro lado del río plasma cómo periódicos norteamericanos, al ceder sus principales espacios a guerrerenses, lo hacen de forma contrastante: mientras unos afirman que los mexicanos son “una subclase permanente entre los no-calificados y los sin educación”, otros toman a los mexicanos de allá, guerrerenses principalmente, como individuos dotados de una gran influencia política-económica tanto en Estados Unidos como en Guerrero. Además, la obra da cuenta de cómo los clubes de guerrerenses, que en algún momento servían como un vínculo social entre la comunidad guerrerense radicada en USA, ahora se han olvidado de ello para dedicarse a la política. Al otro lado del río, es un retrato objetivo de la vida y obra de todos aquellos guerrerenses que contra cualquier adversidad no pierden la esencia definitiva del país que los vio nacer”. (http://guerrerocultural05.blogspot.mx/2010/11/migracion-guerrerense.html)

Monografía de Arcelia, en la Tierra Caliente guerrerense

 

J. Jesús Heredia Villarreal, Monografía de Arcelia, Gro., México, 1966, 224 p.

 

La presente obra pretende hacer, como se indica en su título, una referencia general del municipio de Arcelia, y enfatiza la información sobre su historia. La obra se divide en 14 capítulos, cuyo contenido es el siguiente: 1. Breve reseña histórica. 2. Situación geográfica de Arcelia, población, vías de comunicación y transporte, industria y comercio. 3. Agricultura, ganadería y ejido. 4. Hechos revolucionarios. 5. Acción educativa. 6. Arcelia erigida en cabecera de Distrito Judicial. 7. Profesionistas y presidentes municipales. 8. Obras públicas. 9. Instituciones bancarias, organizaciones sociales, biblioteca municipal y órganos periodísticos. 10. Salubridad. 11. Informaciones varias. 12. La presa de Palos Alto. 13. Colonias ejidales. 14. Obras realizadas por el general Lázaro Cárdenas en la región de Tierra Caliente de Guererro. La obra contiene numerosas fotografías que permiten conocer personajes, lugares y otros datos relacionados con Arcelia. Se complementa con una bibliografía y un agradecimiento "sin límites a todas las personas que en una forma u otra, contribuyeron a la realización de esta obra". La edición fue de dos mil ejemplares. [http://guerrerocultural05.blogspot.mx/2010/10/monografia-de-arcelia-en-la-tierra.html]

Un libro sobre mujeres en reclusión en Guerrero

 

La Secretaría de la Mujer, del Gobierno del Estado de Guerrero, publicó la obra Doble condena. Una visión de género del encierro en las mujeres privadas de su libertad en el estado de Guerrero (2010, 218 p.). La obra es un estudio dirigido a conocer las condiciones sociodemográficas y sociales de las mujeres que se encuentran en centros de reclusión penitenciaria en el estado de Guerrero. La obra está dividida en cuatro capítulos: el primero se refiere a una mirada de género del sistema penitenciario guerrerense. En el segundo capítulo se expone un estudio sobre las mujeres recluidas en centros penitenciarios, mientras que el tercer capítulo se dedica a las menores infractoras. El cuarto capítulo está dedicado a rescatar las experiencias de algunas de esas mujeres recluidas, a la vez que se señalan algunas de las actividades de la Secretaría de la Mujer con relación a las mujeres internas.

 

En su conjunto la obra es una excelente aportación al derecho penitenciario, pues su objetivo, además de describir las instituciones, es el de sensibilizar al lector sobre las repercusiones que tiene el modelo para las mujeres que se encuentran en situación de reclusión. La lectura de las experiencias de las mujeres cumple con un objetivo claro, dar voz y permitir el conocimiento de la problemática que lleva a muchas mujeres a perder su libertad. Ahí se advierten y ojalá y sirvan a su reforma, los defectos que siguen presentando las instituciones de procuración y administración de justicia en nuestro estado. En la parte final de la obra se incluye una carta que dirigió la Secretaria de la Mujer a las internas en centros de reclusión solicitando dieran a conocer su experiencia. Doy cuenta sólo del segundo párrafo de dicha misiva: "Hemos pensado en ti, pues creemos que tu experiencia podrá convertirse en acto de dar, ¿a quienes puedes dar desde tu reclusión? al resto de las mujeres que probablemente se sientan desesperadas o desesperanzadas, a la sociedad en tanto que podremos conocer a partir de las experiencias contenidas en esta publicación que pedimos nos ayudes a construir, una luz para que las políticas públicas que el gobierno tiene la obligación de construir, contengan los elementos de prevención del delito, a través del mejoramiento de vida de las mujeres". [http://guerrerocultural05.blogspot.mx/2011/03/un-libro-sobre-mujeres-en-reclusion-en.html]

Poblaciones y culturas de origen africano en México

 

María Elisa Velázquez Gutiérrez y Ethel Correa Duró

 

INAH, Colección africanía 1, México, 2005, 454p.

  

 

Este libro reúne textos de especialista sobre algunos de los avances y retos que enfrentan las investigaciones sobre la población de origen africano en México

Déspotas y caciques. Una antropología política de los amuzgos de Guerrero de Miguel Ángel Gutiérrez Ávila

 Miguel Ángel Gutiérrez Ávila. Déspotas y caciques. Una antropología política de los amuzgos de Guerrero, Universidad Autónoma de Guerrero, Chilpancingo, Guerrero, Marzo 2001, 158 pp.


Presentación

Últimamente, el interés tanto de los académicos como de los actores sociales se dirige al municipio, unidad de base de a división política-territorial de México.

De hecho, el municipio aparece como unidad esencial sobre todo comparado con otros países. Así, en Francia, las divisiones son el departamento y la municipalidad, destacando el número de las municipalidades que llega a 36 000. A consecuencia de su pequeño tamaño, la municipalidad francesa tiene poco peso político. En Alemania, el nivel de mayor importancia en la administración es el Land, mientras la municipalidad (Gemeinde) disfruta de competencias limitadas, hasta el punto que la reforma municipal que suprimió una tercer parte de ellas en los años sesenta no despertó ninguna crítica. Esas situaciones contrastan con la de México, cuyas municipalidades surgen como el lugar esencial de la administración de los fondos público y de las relaciones con el poder político, estatal y federal.

 

Pero el municipio ostenta una importancia aún mayor, esencialmente por el peso que tiene en la vida de los individuos. Como lo hacer notar Miguel Ángel Gutiérrez Ávila, en razón de la  ausencia de un sector económico independiente en las zonas rurales –bajo la forma de empresa o cooperativa-, el poder municipal tiende a concentrar un papel económico y determina en gran medida el acceso a los recursos, en dos campos principales: el acceso a la tierra, dado que interviene –o más bien, intervino- en las dotaciones agrarias- bajo el régimen ejidal o de los bienes comunales-; y el acceso a los apoyos financieros otorgados por la federación y el gobernador del estado, y destinados a la construcción de caminos y de servicios urbanos. Sin el poder político municipal, no se puede hacer nada a nivel económico, y ésta es la razón por la cual los conflictos entre todos los actores sociales locales se concentran en la lucha por el ayuntamiento.

Por eso es que, en pocos años, el municipio se ha vuelto un reto de primer importancia para los partidos políticos que se desarrollan en México a raíz de la “apertura política”. Así, se ha calculado que si en 1988, se registraban a escala nacional 65 ayuntamientos que no pertenecían al Partido Revolucionario  Institucional, PRI, éstos llegan hoy al número de 650. De ahí, los distintos partidos han empezado a reflexionar sobre la gestión municipal y han conformado grupos, secretarías y asociaciones con la finalidad expresa de elaborar reglas de administración pública para el nivel municipal, dando lugar a lo que se ha llamado el “movimiento municipalista”.

 

Estos datos pueden permitir entender los motivos por los cuales el autor tiene amplia razón de basar su estudio de “antropología política” en un municipio. El que escogió es Xochistlahuaca, ubicado en la costa de Guerrero, que cuenta con unos 16 000 habitantes, en su mayoría amuzgos. Es un municipio indígena pero, a la vez, cercano a los polos de desarrollo de la costa, como Acapulco, y Ometepec, lo que originó en su seno una lucha compleja por el poder, que el autor estudia a lo largo de los últimos veinte años.

 

Miguel Ángel Gutiérrez Ávila realiza el esfuerzo de elaborar una problemática para el estudio de este municipio, la cual es fácil generalizar a cualquier municipio.

En primer lugar, analiza la evolución de la estratificación social interna, o lo que llama “polos económicos de poder”: tierra y ganado, en una primera etapa, luego transportes y comercio. A partir de la construcción de la carretera, aparecen nuevos actores económicos, que compran carros y abren tiendas. A su lado, surgen los maestros y profesionistas de origen amuzgo. Los nuevos actores políticos  son los “Orientadores”, un grupo de militantes de la organización maoísta “Línea de masas”, que organiza un fuerte núcleo entre los maestros. Más recientemente, los profesionistas crean movimientos étnicos.

 El autor identifica los lugares de poder político: los cargos del ayuntamiento, pero también el puesto de presidente del comité municipal del PRI y el comisariado  ejidal. En los últimos veinte años, estos lugares han padecido varios cambios con la consolidación del sistema de partidos políticos entre 1985 y 1995. La evolución del juego político local está ampliamente documentado con el estudio de los procesos electorales, en el cual se destaca por ejemplo la descripción minuciosa de la elección del candidato del PRI a la presidencia municipal.

 

Pero, con mucha razón, el autor insiste además en la relación entre el poder político municipal y, a nivel nacional, el aparato de Estado y los actores sociales.

Así documenta, por ejemplo, el papel de la Universidad Autónoma de Guerrero en el estado, a partir de 1972, o la reforma política del sistema electoral realizada por López Portillo. Y sobre todo, por primera vez, a mi conocimiento, intenta establecer los vínculos que existieron sucesivamente entre cada ayuntamiento del municipio y cada gobernador del estado.

 

Los análisis desembocan en una pregunta: ¿por qué las luchas por el poder se desarrollan por medio de facciones, las cuales ya existían antes de que apareciera el multipartidismo? El libro revisa cuidadosamente todas las fuentes bibliográficas que tratan de los conceptos de fraccionalismo, intermediarios, clientelismo y corrupción. Termina señalando un punto que, en mi opinión requiere de una atención especial: la componente económica del poder municipal. Esta ya existía en el pasado porque los ayuntamientos reunían fondos para cooperación con la finalidad de realizar trabajos públicos. Pero se ha incrementado mucho en los últimos años con el aumento de los apoyos financieros que llegan a los municipios provenientes de la federación o del gobierno del estado. ¿Cómo están utilizados estos fondos? ¿Generan o no la corrupción de los alcaldes? ¿En qué medida su manejo pasa por los partidos políticos y fomenta el desarrollo del multipartidismo? Desde mi punto de vista estas preguntas son esenciales.

 

El libro de Miguel Ángel Gutiérrez Ávila señala, para el periodo reciente, vías novedosas para la investigación sobre el municipio, como trató de hacerlo para un periodo anterior un brillante artículo de Jan Rus sobre Chiapas*. Así, el autor de Déspotas y caciques nos ofrece un gran libro que sienta las bases teóricas y metodológicas de la antropología política, no sólo de guerrero, sino de México.

Daniéle Dehouve.

CNRS, París, Francia

* Jan Rus, “La comunidad revolucionaria institucional: la subversión del gobierno indígena en los altos de Chiapas, Chiapas, 1936-1968”, en Juan Pedro Viqueira y Mario Humberto Ruz (eds.) Chiapas, los rumbos de otra historia, UNAM-CIESAS-CEMCA-Universidad de Guadalajara, México, 1995. Pp. 251-277

Proceso Electoral y Alternancia en Guerrero

 

Raúl Calvo Barrera

Miguel Ángel Porrúa, México, 142 p.

  

Lo realizado y contenido en este trabajo apuntan muy favorablemente a constatar que la ciencia política y los estudiosos de la temática electoral están abordando los retos que plantean entender y contextualizar a los procesos y sistemas de poder locales que, como la situación especifica del estado de Guerrero así lo muestra, reflejan las contradicciones y retos de transformar no sólo un conjunto de prácticas políticas por largo tiempo disociadas de la democracia, sino que al mismo tiempo han implicado generar los espacios y la cultura política de la alternancia y la tolerancia.

 

Las lecciones políticas contenidas en estas páginas acerca de cómo los guerrerenses pudieron darse la oportunidad de experimentar un cambio de mandatario procedente de un partido distinto al PRI, nos remiten a valorar la importancia de los procesos e intereses que alientan a todos quienes participan en la vida pública estatal. Implican aprendizajes que sin duda pueden ser recuperados para valorar incluso situaciones que también se han discutido como retos sustanciales y profundos a la luz de los polémicos comicios presidenciales de 2006.

 

De ahí que la búsqueda de la legalidad y legitimidad de los procesos electorales sea uno de los imperativos importantes de las instituciones democráticas. El análisis ponderado y objetivo a partir de las evidencias empíricas y datos estadísticos aquí reunidos, me hacen congratularme como profesor al constatar que los discípulos, convertidos en serios y responsables colegas, demuestran estar en condiciones de seguir y superar los pasos de sus antecesores. La obra de Raúl Calvo Barrera es una valiosa comprobación de ello. (Del prólogo. Víctor Alarcón Olguín).

Cuetlajuchitlan, sitio preurbano en Guerrero. Un ejemplo de sociedad jerárquica agrícola en la región Mezcala

 

Rubén Manzanilla López

CONACULTA/INAH/Ediciones Euroamericanas, México 2006, 104 pp.

 

 

Reseña realizada por Angélica Pacheco Arce

 

En 1991 cuando la autopista del Sol estaba en construcción, el hallazgo fortuito de un sitio espectacular -no sólo por sus dimensiones, cronología, ubicación y contexto arqueológico- se puso al descubierto: Cuetlajuchitlan, perteneciente al periodo formativo o preclásico. Este sitio se ubica en pleno corazón de la llamada cultura Mezcala, y representa un importante hallazgo en las investigaciones arqueológicas del estado de Guerrero, ya que el periodo de ocupación que oscila entre los 900 años -con tiempos de mayor intensidad-, así como los vestigios materiales, han contribuido a clarificar el desarrollo del alto Balsas al norte de Guerrero.  Cuetlajuchitlan, sitio preurbano en Guerrero es un libro de alrededor de cien interesantes páginas, con mapas, dibujos y fotografías que ilustran las investigaciones emprendidas por Rubén Manzanilla, durante el salvamento arqueológico en la región norte de Guerrero. La obra, dividida en siete breves capítulos, nos muestra de manera general la geografía, la historia, las evidencias y la interpretación del registro arqueológico, de modo que los interesados en conocer la historia arqueológica de esta región tengan acceso de manera sucinta y clara.

 

En este libro que publica no sólo los hallazgos encontrados en Cuetlajuchitlan, sino en catorce sitios más, contemporáneos a éste, el autor refiere la importancia histórica de la región, ya que los pocos estudios previos que circunda a Cuetlajuchitlan, han permitido conocer de manera somera la presencia olmeca en el Preclásico medio (1000 a 700 a.C.). Si bien en este sitio la presencia de estos hallazgos es mínima, remitiéndose a las primeras etapas de ocupación del cerro, en un periodo comprendido entre el 900 o quizás 600 a.C., los vestigios correspondientes al Preclásico superior sí son abundantes, lo cual permitió inferir que el sitio se desempeñó como un centro jerárquico, con una sociedad agrícola entre el 200 a.C. y el 200 d.C. La evidencia material de un grupo netamente local que registra Manzanilla, utilizó las mismas vías o rutas de intercambio que se han detectado para el Preclásico medio, por lo que mantenían contacto con la cuenca de México, el sur de Morelos, el sureste de Puebla y la costa del océano Pacífico.

 

El autor tomando como modelo teórico los planteamientos de Service y los aportes de Sarmiento, sugiere que durante el auge de este centro jerárquico, en donde la producción agrícola es extensiva así como la explotación de otros recursos ecológicos es evidente, la sociedad regional de esa época, si bien no presenta todavía división de clases sociales, tampoco era igualitaria, ya que los rangos sociales en el cacicazgo, son determinados por la cercanía a los ancestros reales o putativos, por lo que probablemente los líderes se encontraban viviendo en Cuetlajuchitlan. Gracias a una topografía el libro nos presenta la traza del sitio, mencionando que la modificación del terreno en este sitio monumental, permitió la construcción de plataformas rectangulares, las cuales están delimitas por muros verticales con remetimientos en ocasiones de hasta 50 cm en promedio. La traza es de tipo urbano con dos ejes transversales orientados a los rumbos cardinales de los cuales se desprende pasillos paralelos, las áreas habitacionales se localizan en las laderas norte y sur del cerro, mientras que el área ceremonial se ubica al centro en torno a patios cuadrangulares y hundidos con escalinatas centrales en los cuatro lados. Además se detectaron tinas monolíticas, sistemas ocultos de drenaje y bloques cilíndricos utilizados como columnas en las unidades habitacionales y ceremoniales. Nos menciona que los materiales empleados para la construcción fueron la toba andesítica para  los muros de acabado fino y las rocas calizas para un acabado austero o para cimentar. Las lajas de basalto sirvieron para los pasillos que circundan las unidades habitacionales de elite y las áreas ceremoniales, así como para cubrir los desagües y drenajes asociados a los patios hundidos.

 

En cuanto a los materiales arqueológicos del Preclásico superior registrados en los catorce sitios contemporáneos a Cuetlajuchitlan y en este mismo, nos dice que son los mejor representados. La cerámica fue empleada con fines utilitarios o domésticos, pero también con posibles fines suntuarios y rituales, los materiales de lítica tallada colectada en los recorridos y en excavación son navajas, raspadores, raederas y muy pocas puntas de proyectil; los objetos de molienda fueron en su mayoría metates ápodos de manos cortas hechos de riolita, granito y basalto. También se encontraron hachas, azuelas y cinceles, además de abundantes cuentas de basalto y tobas cloritizadas en lo que parece ser un taller de cuentas, específicamente en el sitio de Cuetlajuchitlan, por lo que Manzanilla recalca la importancia de este sitio, ya que se confirma la producción especializada para el Preclásico de estos objetos.

 

Los materiales de concha, según el autor; son los indicios del comercio con el océano Pacífico. En los trabajos de rescate de Cuetlajuchitlan se encontraron diversos ejemplares de bivalvos y caracoles trabajados como objetos suntuarios que forman parte de la ofrenda de algunos entierros, así como un collar de dientes humanos perforados, este hallazgo destaca por ser el segundo conocido en la arqueología mesoamericana. Las figurillas identificadas fueron escasas, encontrando algunas que reflejan la persistencia de rasgos olmecas en la ocupación más temprana del sitio. Otras correspondientes al periodo de auge parecen provenir de la cuenca de México, así mismo se encontraron dos figurillas Mezcala que si bien se tienen bien identificadas para el Preclásico superior, su relevancia radica en su asociación con elementos arquitectónicos preurbanos. Además, se registraron dos figurillas teotihuacanas del Clásico, aunque no hubo ningún otro elemento de asociación directa, por lo que el autor supone fueron llevadas en las últimas etapas de ocupación del sitio en el Postclásico. Se detectaron cuatro tipos de prácticas funerarias, una de ellas, corresponde a las tumbas de arco falso o de botellón, las cuales fueron detectadas por los intensos saqueos a que fueron sometidas, en varios de los sitios registrados.

 

Esta información permitió plantear al autor que Cuetlajuchitlan fue un centro económico-religioso (teocrático) en la región del alto Balsas durante el Formativo final (200 a.C.-200 d.C.), en cuyo seno actuó una figura política con un linaje dominante, con una sociedad agrícola en donde la producción extensiva era óptima y que desarrolló un grado de especialización, que si bien no es total, permitió que los diversos recursos ecológicos existentes en la región se optimizaran a costa de que otros productos tuvieran que ser obtenidos por intercambio, obligando a que un centro rector -en este caso Cuetlajuchitlan- centralizara y distribuyera los recursos que aún formaban parte de una propiedad colectiva e igualitaria.

 

Sin embargo, por razones aún no claras, el área circundante al sitio fue abandonada por casi 500 años, y la ruta comercial empleada desde el Preclásico medio cayó en desuso. Manzanilla menciona que algunas investigaciones paleoclimáticas han detectado severos cambios climáticos en la región, entre otros, el aumento de salinización en los suelos y un clima más cálido y seco. En consecuencia, las tierras fértiles bajaron su productividad o desaparecieron; otro indicador del cambio climático son las muestras para fechamiento recolectadas en las excavaciones que provienen de encino, árbol totalmente desaparecido en la región. Al parecer estos cambios climáticos ocurrieron a finales del Preclásico, lo que explica en parte el abandono paulatino de Cuetlajuchitlan y los sitios contemporáneos, considerando su posible reubicación a las orillas del río Mezcala y Cocula, ya que en los materiales arqueológicos de estas áreas correspondientes al Clásico, se nota una continuidad en varios rasgos culturales. Esta región se repobló hasta el Postclásico tardío, identificando sitios relacionados con los grupos cohuixcas o chontales del norte y centro de Guerrero y quienes a mediados del siglo XV fueron conquistados por los mexicas.

 

La síntesis de los trabajos emprendidos por Rubén Manzanilla en este salvamento arqueológico y la relevancia histórica del sitio arqueológico de Cuetlajuchitlan, sirven como puerta de entrada a los futuros investigadores que deseen ampliar el conocimiento sobre el preclásico guerrerense, ya que la magnitud del hallazgo mereció la construcción de un túnel en la traza de la autopista del Sol, para conservar y restaurar este complejo sitio ubicado en la región del alto Balsas al norte Guerrero.

 

La disputa por el desarrollo regional. Movimientos sociales y construcción de poderes locales en el oriente de la Costa Chica de Guerrero

 

Rodríguez Wallenius, Carlos Andrés.

La disputa por el desarrollo regional: movimientos sociales y constitución  de poderes locales en el oriente de la Costa Chica de Guerrero, México, D.F., Plaza y Valdés, 2005.

 

 

Usted, desde que lo conocí, desde que supe de usted y vi sus primeros retratos en los periódicos, yo dije: éste es mi gallo…

-Esta tierra lo que necesita es orden, respeto a la ley…

-Si señor, es lo que pedimos: hay que comenzar con escuelas, antes que el camino de que nos ha hablado y que las presas; escuelas; si viera qué lástima me da ver tantos niños que crecen como animalitos; yo por eso he querido ser diputado…

- Claro: escuelas. Hace falta. Aunque no al grado de preferirlas al camino. Yo digo: una y otra cosa. El camino es el progreso.

- En fin, es lo que de usted esperábamos: progreso…

-Ingeniero Pascual Medellín: Conquistadores, caciques, forajidos. Rueda de fieras. En otro sitio en otra ocasión se hubieran agarrado a balazos. Quietecitos  por el interés, por el puro interés de obtener ventajas cada uno a costa de los demás…

(Agustín Yáñez, La tierra pródiga)

 

Hace algunos años llegó a mis manos una novela de Agustín Yánez, titulada La Tierra pródiga,  en ella, Yáñez usa como argumento central de su narración, la disputa por el poder regional entre tres caciques de la costa de Guerrero. En esa trama de asesinatos y odios que desata la lucha por mantener el control económico de una tierra rica en recursos naturales, la idea de desarrollo es la justificación a la barbarie que caracteriza el actuar de los personajes creados por Yánez.

 

Al terminar de leer esta novela me quedó un buen sabor literario y sin duda el cuestionamiento social sobre la posibilidad de que en el Guerrero de nuestros días prevaleciera aún tal tipo de personajes que seducidos por el poder económico y político fueran capaces de asesinar y vejar. Esta pregunta quedó olvidada al paso del tiempo y no es hasta ahora que al concluir la lectura de la obra de Carlos Andrés Rodríguez, La disputa por el desarrollo regional. Movimientos sociales y construcción de poderes locales en el oriente de la Costa Chica de Guerrero, la respuesta llega con una contundencia absoluta: Si en el oriente de la Costa Chica de Guerrero existen los Añorve, los Grandaño, los Aguirre, familias todas de ganaderos y comerciantes que aliados a una burocracia política mantienen privilegios y el control económico y político de la región.

 

Carlos Andrés Rodríguez realiza una de las mejores investigaciones contemporáneas en materia de movimientos sociales, no sólo por su rigor teórico-metodológico, si no también, por el enfoque transdisciplinario de la misma investigación. Sociología, politología, economía y antropología, confluyen como herramientas de análisis para entender la complejidad de la red de movimientos sociales, en una de las regiones más conflictivas del estado de Guerrero. En su libro La disputa por el desarrollo regional, estructurada en seis capítulos, el autor va desentrañando la complicada red de relaciones históricas y contemporáneas, que han configurado a los actores sociales y a los grupos de poder, que se disputan la orientación del desarrollo regional en el oriente de la Costa Chica.

 

En su trabajo el concepto de desarrollo es central, pues señala, que detrás de éste, suelen esconderse nociones contrapuestas que dan origen a acciones que de una parte, fortalecen  los mecanismos de exclusión y empobrecimiento de la población y por otro lado,  también, podrían ser un instrumento de liberación de los sectores oprimidos. Rodríguez sitúa el concepto de desarrollo en el terreno de lo ideológico, ello le permite analizar las intenciones que tienen las ideas que se mueven en torno al desarrollo regional, en este mismo sentido, sostiene que a él subyace una disputa que establecen los actores y grupos de poder en una de las zonas más pobres del estado de Guerrero.

 

En su primer capítulo “Contexto teórico”, el autor realiza una importante revisión de categorías emanadas de distintas disciplinas sociales. De la sociología y la antropología, por ejemplo, retoma la propuesta de Aníbal Pinto (1976), sobre lo que el denomina estilo de desarrollo, este entendido como “la manera en que dentro de un determinado sistema se organizan y asignan los recursos humanos y materiales con el objetivo de resolver los interrogantes sobre qué, y cómo producir los bienes y servicios”; de  Silva Bolos (1999), toma la categoría de actores sociales, la cual remite a un conjunto de individuos con historia, prácticas e intereses comunes, que participan o se expresan en forma colectiva. Estos grupos, señala Rodríguez, tienen cierta identidad o afinidad a un proyecto de sociedad, esto es, según Zemelman (1997) y E. León (1997), una visión de futuro de los actores sociales, misma que influye en la toma de decisiones y que condensa la subjetividad de grupo, es decir, su memora y experiencia.

 

Otras categorías fundamentales en su estudios son: grupo de poder, grupo de poder hegemónico, núcleo de poder emergente e identidades colectivas, entre otras asociadas al territorio como el de comunidad y región. En este capítulo, el autor va acotando su hipótesis de trabajo, así sostiene que  la disputa entre los grupos de poder hegemónicos (integrados por lo que él llama la triada: ganaderos, comerciantes y clase política) y emergentes (conformado por indígenas y campesinos), por controlar la orientación del estilo de desarrollo, no es en sí misma una lucha por poder político y económico, en ella, argumenta Rodríguez van implícitas visiones distintas de sociedad, la hegemónica tendiente a la explotación de los recursos naturales y humanos en pro de una acumulación de capital y la emergente basada en la idea de comunidad y autonomía.

 

En el segundo capítulo “El oriente de la Costa Chica y sus actores sociales” Rodríguez, delimita la zona de estudio y realiza una descripción, sociodemográfica de la población que habita los municipios de Iguala, Ometepec, Xochistlahuaca y Tlacochistlahuaca, así como algunas poblaciones de Cuajuinicuilapa, Azoyuc y Metlatonoc. Pero esta descripción parte no sólo de los datos estadísticos, pues el eje de la caracterización lo constituyen los lazos históricos, culturales y sociales que han configurado a la región en un proceso de más de 500 años. Aquí encontramos, quizá otro de los aportes de esta obra, me refiero en concreto al reconocimiento de la especificidad étnica de la región, la cual tiene implicaciones sustanciales, según señala el autor en la definición de los llamados actores sociales.

 

A diferencia de los estudios sobre movimiento social realizados en el último tercio del siglo XX, los cuales estuvieron dominados por un marxismo esquemático (en particular a los trabajos del campesinado en México de principios de los setenta y finales de los ochenta), la obra que nos presenta Rodríguez rompe el esquematismo economista al reconocer lo multicultural como uno de los rasgos fundamentales del oriente de La Costa Chica, en donde habitan mixtecos, amuzgos, nahuas, negros y mestizos, pero este reconocimiento no es sólo una mención ya que el autor argumenta que dicha  etnicidad se encuentra sustentada en las distintas cosmovisiones indígenas y en la configuración de identitarias, cuyo sustento lo constituyen maneras particulares de entender las relaciones sociales entre individuos, así como, las que la sociedad en su conjunto establece con el campo.

 

Pero la mirada del autor va más allá de esta diversidad cultural, pues observa a la región en su amplia complejidad. A las variables culturales, se agregan las de una región en la que han prevalecido visiones polarizadas entre ricos y pobres (ganaderos vs. campesinos, mestizos vs. Indígenas). Una tercer y cuarta variables son, de una parte los efectos de la políticas neoliberales y su dinámica globalizadora, los cuales han generado fuertes impactos en la reproducción social de la población y, finalmente se encuentra la irrupción de los partidos políticos de oposición  Partido de la Revolución Democrática y Partido del Trabajo fundamentalmente en el escenario político regional, así como el de las Iglesias protestantes y la aparición de grupos armados de la izquierda radical   como el Ejercito Popular Revolucionario y el Ejercito Revolucionario del Pueblo Insurgente.

 

En este contexto, afirma el autor, tiene lugar la confrontación entre los actores sociales por orientar el estilo de desarrollo, pero esta disputa entre los grupos de poder hegemónico y los emergentes, tiene un proceso de construcción histórica, pues no es un fenómeno contemporáneo. Dicha confrontación, señala, si bien tiene su raíz desde finales de la colonia, se expresa más claramente en el periodo de la revolución de 1910 – 1918. Para Rodríguez, el análisis de esta confrontación pasa por la explicación a la manera en que se fueron conformado los grupos de poder en la región, en este sentido, sostiene que el conflicto se ha ido formando, por un lado, por un grupo hegemónico, encabezado por los ganaderos  y comerciantes que tienen fuertes vínculos con el poder público local y estatal. Del otro lado, sostiene, existe una amplia red de movimientos sociales que tienen como base las comunidades campesinas e indígenas, en ellas se aglutinan distintas expresiones de la población movilizada, para dar continuidad a sus proyectos comunitarios.

 

En el cierre de este segundo capitulo, con el problema de la conformación de los actores sociales y la disputa regional el autor se apoya en las herramientas conceptuales que la antropología ha aportado a las ciencias sociales, sobre todo en el campo de las identidades sociales. Así, Rodríguez utiliza el concepto de identidad asociado al de territorio para argumentar que los distintos actores costeños tienen una base primordial en el apego a su región, en tanto una parte importante de los afectos, valores, símbolos y variables culturales tienen su objetivación en el territorio, esto es, en la comunidad y en la región. En este sentido va desmenuzando cada uno de los factores de adscripción como el concepto de ordenamiento del mundo y con ello la valoración simbólica de la tierra, el bosque y el agua, más allá de su utilidad productiva; las configuraciones religiosas, los elementos de culto, en especial los llamados San Marcos; la lengua, los mitos, etc.

 

En todo este proceso, las alteridades, es decir las diferencias, culturales, económicas, raciales y políticas, son un factor que puede aglutinar o dividir a los actores sociales. El autor va siguiendo este proceso histórico que inicia durante el periodo colonial y se va transformando o agudizando en el transcurso del siglo XIX y XX. Es en este, terreno complejo de las adscripciones identitarias, donde Rodríguez se plantea un problema trascendental el de la delimitación de estos grupos que se han confrontado constantemente como actores sociales en el terreno de un territorio social e históricamente determinado.

 

Los ganaderos y grandes comerciantes, afirma el autor, resultan ser actores sociales que presentan menos obstáculos a su delimitación, pues su base productiva e interés de acumulación de capital los identifica y cohesiona. No resulta así con los campesinos e indígenas, pues si bien comparten prácticas productivas como la siembra de maíz y la lógica de auto suficiencia, su base étnica es históricamente distinta, por ello denominarlos a todos como el grupo de actores sociales indígenas o campesinos, sería muy arriesgado, por ello el autor reconoce la necesidad de realizar consideraciones más profundas en lo que ha denominado “magma identitario compartido”. Esta categoría le es útil en la medida que mediante ella, puede identificar las contradicciones históricas y las relaciones asimétricas entre los grupos indígenas de la región, como las existentes entre amuzgos y mixtecos.

 

Al situarse en este campo, de las asimetrías interétnicas, el autor distingue como uno de los factores de cohesión entre indígenas y campesinos las relaciones de exclusión y racismo a las que se ven sometidos tanto indígenas y campesinos por parte de los mestizos. En este sentido asegura “en tal diversidad podemos, sin embargo, agrupar a los campesinos e indígenas como actores emergentes en la medida que tienen una base identitaria común que ha sido conformada históricamente en su lucha por mantener y defender su tierra, su territorio, sus formas de producción y su cosmovisión. Esta capacidad de emerger como actor social ha tenido como base articuladora a su comunidad” (Rodríguez, 2005: 93)

 

Una vez hechas las anteriores consideraciones tanto teóricas como de contexto, Rodríguez introduce al lector al problema del estilo de desarrollo y el papel que han jugado los grupos de poder local. En el tercer y cuarto capítulo, “El estilo de desarrollo polarizador y los grupos de poder” y, “Las tendencias dominantes y las respuestas de los actores sociales”, se realiza un estudio sobre los derroteros que ha seguido el desarrollo regional, en particular durante la década de los noventa. El autor toma como ejes de análisis tres factores, el primero son los flujos de recursos que permiten la acumulación de capital de las elites regionales, que se sustenta en la explotación del trabajo campesino, en los recursos naturales, así como en un intercambio desigual de mercancías y en el acaparamiento de las mejores tierras; el segundo es la centralización de la toma de decisiones y de los mecanismos de control político, en grupos familiares y en la relación de subordinación y clientelismo político; finalmente el tercer factor lo constituye la limitación en el marco de derechos, el cual se expresa en la carencia de mecanismos democráticos de participación y negociación ciudadana.

 

Estas tres vertientes se encuentran atravesadas por un eje mayor que es el de las políticas federales, tanto las de carácter desarrollista de José López Portillo (1976-1982), impulsada a través de la Comisión Nacional de Planeación y Desarrollo para Zonas Marginadas (Coplamar), el Programa de Inversiones Publicas para el Desarrollo Rural (Pider) y el Sistema Alimentario Mexicano (SAM), como las impulsadas por los gobiernos neoliberales de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), que operaron políticas focalizadas de atención a la pobreza a través de programas como Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol), y el Programa Nacional de Atención al Campo (Procampo), entre otros.

 

Una de las conclusiones a las que llega en su análisis es que el estilo de desarrollo es en sí una construcción social que enfrenta a actores sociales contrapuestos por los distintos proyectos de sociedad que tiene cada uno de ellos. En el caso analizado, el estilo de desarrollo ha dado por resultado un modelo que funciona por la expoliación, retención y redistribución hacia fuera de los recursos y de la producción regional a manos de grupos minoritarios de la sociedad costeña que se han apropiado de los mecanismos de control de los factores de reproducción social: tierra, producción y poder.

 

En un escenario regional caracterizado por la polarización económica y social, el autor va trazando el proceso de conformación de los grupos de poder tanto el hegemónico como los emergentes y al mismo tiempo explica la naturaleza de los proyectos de sociedad que se disputan en el oriente de la Costa Chica la orientación del estilo de desarrollo regional. El proyecto de sociedad dominante, es decir, el de los ganaderos, comerciantes y clase política, caracterizado por la segmentación en polos contrapuestos, separada no sólo por una lógica de exclusión y apropiación de los recursos, se enfrenta al de indígenas y campesinos, proyecto que se sustenta en la noción de comunidad, como una forma de organización y representación social, sino también en la valorización de la tierra como un factor identitario y cultural. La tierra se convierte aquí en el elemento central de la disputa, aunque para cada uno de los grupos exista una noción diferente en torno a ella: mientras que para los campesinos e indígenas constituye un elemento esencial de su identidad, cosmovisión y reproducción social, para los ganaderos es la base central de su proceso de acumulación.

 

Este capítulo cierra con un interesante análisis de la composición de los grupos de poder, en el caso del grupo hegemónico, Rodríguez realiza una profunda descripción de los actores sociales que lo componen y de sus relaciones de parentesco, compadrazgo y políticas. Así, ubica dentro de este grupo a lo que el denomina oligarquía rural costeña, que conforma ganaderos y comerciantes, productores de frutas y caña de azúcar, además de los productores de copra y ajonjolí. A este grupo se incorporan autoridades y funcionarios públicos de los municipios, quienes en muchos casos tienen una relación de parentesco directo con las familias de ganaderos y comerciantes. El último actor de este grupo lo constituye la estructura del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la región y los municipios.

 

A diferencia de los grupos de poder hegemónicos, cuyo núcleo se encuentra bien definido en familias, los grupos emergentes, compuestos por indígenas y campesinos, han tenido que construir redes pues cada uno de ellos impulsa sus respuestas desde el ámbito de la comunidad, espacio de legitimidad. Los núcleos emergentes comunitarios, sostiene el autor, se construyen fundamentalmente en el proceso ofensivo de la apropiación de tierras, durante la década de los setenta y en la resistencia a ganaderos y comerciantes en el periodo de 1980, así como en el rompimiento de la estructura clientelar del PRI en la siguiente década de 1990. Las demandas de estos grupos emergentes tienen como matriz,  la defensa de los derechos individuales y colectivos así como  el resolver los problemas de exclusión y pobreza.

Las acciones colectivas y los ámbitos en los que se desarrolla, las respuestas de los grupos de poder emergente, se caracterizan por su diversidad y casi todas se circunscriben al ámbito municipal. Estas respuestas van desde la realización de marchas, mítines, plantones, la conformación de comités, frentes  de lucha y consejos, hasta expresiones de mayor amplitud territorial y política como la formación del nuevo municipio Rancho Nuevo de la Democracia, en 1995 que aglutina alrededor de 30 comunidades mixtecas y amuzgas.

 

En el penúltimo capítulo “Redes de movimientos y la construcción del poder local emergente”, el autor se detiene en el estudio de la conformación de estas redes y encuentra una matriz histórica. Las figuras de Carranza y Zapata son fundamentales para entender la disputa entre los grupos de poder. En el centro de la disputa se encuentra, como ya se mencionó, la defensa al derecho a la tierra, no obstante, las redes de movimientos diversifican su lucha hacia ámbitos como la autonomía, el respeto a la elección de autoridades por usos y costumbres, reclamo de apoyos y obras de infraestructura comunitaria, así como aclaración de asesinatos de lideres y liberación de dirigentes. Algunas de las organizaciones que confluyen en esta lucha integrando las redes de movimientos sociales son líderes locales, representantes de el Consejo Municipal Popular de Ometepec, el Consejo Municipal en Rebeldía de Rancho Nuevo de la Democracia, el Comité de Lucha de Chilixtlahuaca y el Consejo Municipal Autónomo de Xochixtlahuaca, entre otras. A estas organizaciones se suma la presencia de líderes partidistas, fundamentalmente del PRD y del PT, no obstante y a pesar de que los grupos de poder emergente han gano espacios e incluso la alternancia partidista en los ayuntamientos municipales de Xochistlahuaca y Tlacochistlahuaca, dicha alternancia no resuelve el problema de fondo que es el de la exclusión y la marginación.

 

En opinión de Rodríguez, los espacios de poder publico ganados por los grupos emergentes son importantes para la construcción de un desarrollo diferente, pero no basta con la simple alternancia partidaria, si esta no modifica los mecanismos que generan la pobreza y la marginación social. Para ello, sostiene, es necesario abrir espacios de participación desde el ámbito local y regional.

 

Finalmente en el capítulo seis “La disputa por el estilo de desarrollo. Perspectivas y conclusiones” el eje de exposición los constituye la respuesta a la pregunta: ¿hacia donde se dirigen los procesos regionales en el oriente de la Costa Chica? Después de reconocer que el desarrollo que ha seguido la región se encuentra aún marcado por la presencia de Zapata y Carranza, personajes vivos en la memoria colectiva de los distintos actores sociales, y que  delimitan el perfil de los grupos de poder, Rodríguez resuelve el anterior cuestionamiento a partir de el beber ser del desarrollo y el cómo de ese deber ser.

 

Sostiene el autor que en el imaginario colectivo de campesinos e indígenas se encuentra este deber ser, mismo que está determinado por  el proyecto de sociedad. Aquí Rodríguez afirma que según la práctica de la población rural costeña, caracterizada por una economía campesina, la centralidad de la comunidad en la toma de decisiones y la importancia de los vínculos de solidaridad, el estilo de desarrollo apunta en el futuro a ser construido desde la comunidad, esto es, un estilo de desarrollo comunitario solidario, mismo que estaría basado en la construcción de un espacio social en el que se producen y reproducen las actividades básicas de la subsistencia campesina e indígena y en el que prevalecerán vínculos basados en la solidaridad.

 

Pero cómo podría realizarse este deber ser,  ello sería posible, dice el autor, sólo sí los instrumentos democráticos que han desarrollado las comunidades logran modificar estructuralmente las relaciones de poder y productivas que han predominado en el oriente de la Costa Chica. Ello es posible si las redes de movimientos sociales logran trascender el ámbito de lo local, para consolidar espacios de poder emergente a nivel regional y al mismo tiempo tender puentes hacia el exterior, esto es, en el ámbito estatal y nacional.

 

Para concluir esta reseña solo resta decir que he intentado hacer un resumen apretado de una obra que es rica en información. Su valor estriba indudablemente en los datos pero quizá, sea más trascendente el modelo de análisis transdisciplinario usado por el autor, pues éste nos obliga a reflexionar entorno a la necesidad de voltear la mirada más allá de nuestra disciplina de estudio para poder entender la complejidad de los fenómenos sociales y culturales contemporáneos.

 

Juan José Atilano Flores

Coordinación Nacional de Antropología

- Apoyado en la obra de Dahlgren Barbdro, La Mixteca su cultura e historia, 1990, el autor reconoce la diferencia histórica entre estos dos grupos, que se remonta a la época prehispánica, cuando los mixtecos dominaban a los amuzgos, obligándolos a pagar tributo.

La Independencia según sus regiones: once acercamientos al México meridional

 

Ana Carolina Ibarra (coord.), La independencia en el sur de México, México, FFyL, IIH, DGAPA, UNAM, 2004, 468 pp.

 

 Es cierto, como afirma don Ernesto de la Torre Villar en el prólogo del libro, que la independencia es el movimiento sociopolítico más importante de la historia de México. Este conjunto de acontecimientos marcaron el parteaguas de la transformación de colonia a nación y es por ello que no sólo es significativo como una coyuntura clave en el proceso histórico de formación del México moderno, sino que la historiografía oficialista ha hecho de la independencia el arranque fundacional de la historia nacional. Esto hizo que, desde tempranas décadas del siglo XIX, se construyese paulatinamente un discurso unilineal y uniformador de lo que en realidad fue una multiplicidad de procesos regionales diversos. De tal manera que durante décadas se entendieron como una misma cosa los proyectos criollos de autonomía frente a la crisis de la monarquía, la revuelta social que estalló tras el llamamiento de Hidalgo y el proceso de conciliación política que llevó a la consumación de la independencia por Iturbide y Guerrero. Asimismo, se metieron en un solo saco la diversidad de proyectos y conflictos que se sucedieron a lo largo un poco más de una década de guerra. Paralelamente, se olvidó la especificidad de los procesos regionales en pos de una explicación centralizadora que organizara coherentemente la génesis de la nación mexicana. A contracorriente de esta interpretación se encuentra el libro que reseñamos, La independencia en el sur de México, cuyos antecedentes vale la pena destacar.

Desde hace varios años los historiadores académicos mexicanos y extranjeros han venido transformando su visión del proceso independentista al interesarse en la comprensión de fenómenos mucho más amplios a los meramente nacionales. Por ejemplo, este viraje nos permite observar el derrumbe de la monarquía hispánica, que llevó a la independencia a la gran mayoría de las regiones hispanoamericanas, como un fenómeno integral de alcance macro regional y que interrelacionó diversas realidades. Asimismo nos ha permitido enfocar la mirada en esas realidades más particulares, en dimensiones regionales distintas a la nacional cuyo estudio ofrece un mayor conocimiento de la diversidad de la coyuntura. También, ha ayudado a entender las transformaciones de 1808-1821 como parte de un proceso de más larga duración, el de la aplicación de las políticas reformistas de la corona española en América y sus consecuencias. Como  producto del intenso revisionismo historiográfico de la década de los sesenta, el historiador británico Brian Hamnett publicó, en 1971, su estudio –ahora clásico- sobre la política y el comercio en el sur de México que abarcó el periodo 1750-1821 y que, al tocar los acontecimientos políticos y militares de 1808-1820 que sucedieron en la región de Antequera, al sur de la Nueva España, dio pie para hacer y publicar posteriormente un estudio (1986), sobre las diferentes regiones novohispanas y las raíces de la insurgencia. En él, Hamnett haría hincapié, por vez primera, en las especificidades regionales del movimiento independentista, subrayando la importancia de diferenciar la dinámica de la región que clásicamente se estudiaba -la región central del bajío guanajuatense en la que se desarrolló el movimiento de Hidalgo- de las propias de otras regiones.

A este antecedente se suman varios trabajos de historiadores mexicanos y extranjeros que se aproximan o tocan la guerra de independencia para la región sur y sureste de la Nueva España. Abordando diferentes periodos que van desde el siglo XVII hasta la segunda mitad del XIX, entre otros se puede mencionar el trabajo de Robert W. Patch sobre los mayas y españoles en la península (1979), el dedicado a los campesinos de la Mixteca de Rodolfo Pastor (1981), el de Peter Guardino (1992), el de Jesús Hernández Jaimes (2000) o el de Teresa Pavía (2000), los tres últimos sobre la región que se convertiría en el estado de Guerrero. Ha habido además trabajos dedicados al análisis de problemas coyunturales, como el de Ana Carolina Ibarra (2000) sobre el cabildo de la catedral de Antequera y el movimiento insurgente. Así que  lo largo de dos décadas el conjunto de investigaciones ha ido acotando temas y abriendo otras perspectivas en la historiografía regional independentista, lo cual permitió que a finales de 2001 arrancara un proyecto colectivo cuyo objetivo fue la revisión de diversos aspectos sobre la insurgencia en las regiones que conforman los actuales estados de Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Yucatán. Fruto de un coloquio y un seminario que se extendió durante tres años, es la publicación del libro La independencia en el sur de México.

Los once estudios que conforman el libro no pretenden abarcar la totalidad de temas pendientes en la historiografía sobre la región y la época sino que son, según la coordinadora de la publicación Ana Carolina Ibarra, avances, aproximaciones, trazos que nos van acercando a la riqueza de temas y ensayos desde diferentes perspectivas. Dentro de estos temas y perspectivas destacan los trabajos que están dedicados al análisis de la composición social de la insurgencia en la región. El trabajo de Peter Guardino plantea varias respuestas al porqué la insurgencia de José María Morelos tuvo un amplio y continuo apoyo entre los pueblos de la región de la Costa Grande, del actual estado de Guerrero, zona por la que el caudillo insurgente transitó de manera permanente durante casi cuatro años. Después de la muerte de Morelos, la región siguió siendo uno de los más importantes focos de resistencia hasta el final de la guerra. Guardino analiza la compleja formación socio racial del apoyo a la insurgencia en la región, que fue desde curas de pueblo, medieros y milicianos pardos hasta criollos y terratenientes, y subraya la gran importancia que tenían los pardos en la formación social de la zona. Guardino ahonda más en el análisis de este grupo social pues, aparte de las motivaciones socioeconómicas que tuvieron los medieros pardos para lanzarse a la insurgencia, aborda también otros motivos como los estigmas de raza.

Por su parte, el polémico trabajo de Jesús Hernández Jaimes cuestiona el difundido lugar común en la historiografía que ha hecho del liderazgo del clero en la lucha insurgente uno de los pilares del movimiento, llegando incluso a hablarse que la de 1810 fue una “insurrección del clero”. Hernández Jaimes considera que dicho liderazgo ha sido sobrevalorado y para ello analiza la situación de una serie de regiones en el sur que dependían de las diócesis de Valladolid, Oaxaca, Puebla y de la arquidiócesis de México. Regiones todas de la costa con escaso volumen de recolección de diezmo en las que no se consolidó un clero con gran poder económico y el cual, a pesar de su innegable inclusión en las sociedades locales, su presencia resulta muy tenue y sin el peso que tuvo el clero en otras zonas de la Nueva España. Así, a diferencia de lo que sucedió en otros ámbitos, el clero de las costas del sur no consolidó un liderazgo social de manera tan notoria como el de otros grupos de poder.

Mediante el análisis de la evolución de la colecta de diezmos entre 1783 y 1833, Marcela Corvera estudia la fuerte crisis que llevó a la parroquia de Taxco a un profundo declive después de haber sido una parroquia que había experimentado una gran bonanza en años anteriores al estallido de la insurgencia. El estudio de caso, que demuestra la abrupta caída del ingreso que sobrevino al estallido de la guerra, es un ejemplo de lo que bien pudo haber ocurrido en otras parroquias de las regiones del sur en las que hubo una presencia insurgente continua. Es interesante además el hecho de que la parroquia de Taxco no se recuperó de la crisis una vez terminada la guerra.

El trabajo de Andrés del Castillo presenta un tema muy interesante. Tomando como leitmotiv un lugar –el estratégico puerto de Acapulco y, particularmente, el castillo de San Diego-, aborda las vicisitudes de los reos de infidencia recluidos en la fortaleza. El tema permite una radiografía de las cárceles novohispanas y un recuento de acontecimientos tales como el sitio del puerto por Morelos en 1810, y la toma del fuerte en 1813. Da cuenta también de cómo, de una u otra forma, los reos de infidencia tomaron parte en ellos.

Tres capítulos del libro están dedicados a la región de Oaxaca: dos a la ciudad de Antequera y otro a Tehuantepec. Siguiendo con la tónica de interés en las conspiraciones, Alfredo Ávila echa luz sobre una muy poco conocida que encabezaron en Oaxaca José Catarino Palacios y Felipe Tinoco, dos individuos de extracción popular que fueron descubiertos en 1811, procesados por infidencia y ejecutados. Alfredo Ávila reconstruye las posibles redes de los demás personajes involucrados en la conspiración hasta contabilizar un total de 18 reos de infidencia y muchos más personajes de diferente extracción social que no fueron procesados, entre ellos algunos que eran conocidos por los conspiradores como los “tapados”, miembros seguramente de las elites regionales. La sensación al leer este trabajo es que se desmorona la idea de la historiografía independentista tradicional de que Oaxaca fue un lugar muy poco afecto a los movimientos insurgentes antes de ser tomada por Morelos. Esto viene a ser refrendado por el trabajo de Ana Carolina Ibarra que busca una mirada equilibrada entre las interpretaciones que hacen de Oaxaca una ciudad cabeza de obispado y opuesta a la insurgencia y las que hablan de aquella Oaxaca ocupada por Morelos y exacerbadamente revolucionaria. Lo que encuentra Ibarra es un interesante proceso de construcción de legitimidad de la insurgencia ante los habitantes y las elites oaxaqueñas que fue posible por la ampliación de los espacios políticos, no exento de problemas. El hecho es interesante pues Antequera fue el centro urbano más importante que la insurgencia mantuvo bajo su control durante más tiempo. Ambos trabajos, entonces, nos abre una ventana para rastrear la participación o simpatía de las elites regionales con respecto a la insurgencia.

Los nexos de las elites provinciales con la insurgencia quedan en claro en el trabajo de Laura Machuca sobre la familia Castillejos, propietarios de haciendas que participaron activamente en el comercio de sal y grana en Tehuantepec. El ensayo de Machuca es una interesante reconstrucción de la biografía colectiva de una familia con poder económico en una región tradicionalmente vista como realista, pero que participó activamente en la política de la época, como Julián Castillejos en la ciudad de México o Mariano Castillejos, quien fuese invitado al Congreso de Chilpancingo.

Cuatro ensayos más abordan el estudio de la independencia en regiones que tradicionalmente han sido olvidadas por la historiografía. Dos de ellos, el de Michael Polushin y Sergio Nicolás Gutiérrez, dan cuenta de los procesos vividos en la provincia de Chiapas, perteneciente entonces a la capitanía de Guatemala y que posteriormente se integraría al nuevo país surgido en 1821. La reconstrucción de un incidente en Ciudad Real –el arresto del asesor e intendente de Chiapas por parte de la oligarquía local en 1809-, permite a Polushin reconstruir el tenso ambiente que había causado el reformismo borbónico en la zona en el entramado de intereses económicos y políticos pues expresa el enfrentamiento entre la elite y los funcionarios de la corona. Por su lado, el trabajo de Sergio Nicolás Gutiérrez reconstruye el proceso de formación de la unidad territorial que llegará a ser el estado de Chiapas, desde la declaración de independencia hasta su anexión definitiva a México.

En el proceso de conformación de las nuevas unidades político territoriales, un tema muy importante ha sido el de la construcción de los estados nacionales. En los ensayos de Manuel Ferrer Muñoz y Mario Vázquez Olivera se tratan dos regiones alejadas y, en apariencia, ajenas al proceso de la independencia de México: Yucatán y Guatemala. Sin embargo, el trabajo de ambos autores permite encontrar los referentes, las ligas y los alejamientos entre uno y otro proceso. Yucatán, estudiado por Ferrer, estuvo muy alejado de la coyuntura por la que atravesó el resto de las regiones novohispanas. En una región que veía más hacia el atlántico, no prendieron las ideas de separación con respecto a España que fueron delineando los procesos de las demás regiones. Por el contrario, Yucatán vivió un proceso atento a la revolución peninsular que permitió el desarrollo de un movimiento liberal y la formación de un prominente grupo de intelectuales imbuidos por las ideas liberales. Esto produjo que surgiera una serie de conflictos en la región entre criollos y peninsulares que, sin tener la dimensión de los que sucedieron en el bajío, centro u occidente de la Nueva España, no por ello dejan de ser importantes para comprender el desenvolvimiento posterior de los acontecimientos en Yucatán.

El ensayo de Vázquez Olivera sobre Guatemala nos muestra la manera en la que los acontecimientos novohispanos influyeron en una región administrativamente diferenciada de la Nueva España. La política mexicana de la última etapa de la lucha independentista y la consumación, es decir, a partir del surgimiento del ejército trigarante y el Plan de Iguala hasta la formación del imperio de Iturbide, impactó de manera notable en la dirección de las intrigas de buena parte de la oligarquía local y en los proyectos de una región centroamericana ligada al imperio.

Una característica que une a todos estos ensayos es la diversidad de las fuentes utilizadas y el atinado tratamiento de información proveniente de distintos repositorios documentales. Otra característica es el abordaje desde diferentes temporalidades y diversas propuestas de investigación. No se trata entonces de una obra uniforme en el sentido de métodos y posturas interpretativas. Es más bien un mosaico que sirve de muestrario de los temas que se van abriendo en la investigación regional del sur y sureste de México. Hay por tanto, a lo largo de los diversos trabajos, otras tantas propuestas de líneas de investigación que se van abriendo. Por ello resulta muy acertado que cierren el libro dos trabajos que dan cuenta del estado de dos archivos fundamentales para estas historias regionales y que son poco conocidos por la mayor parte de los historiadores y, por lo mismo, poco utilizados. Así, el texto de Rosalba Montiel Ángeles sobre los archivos oaxaqueños y el de Edgar A. Santiago Pacheco sobre los archivos yucatecos conforman un excelente corolario a los once estudios del libro.

 

Dr. Víctor Gayol

El Colegio de Michoacán, A.C.

Salvamento arqueológico en Chilpancingo, Tixtla y Chilapa

 

Antonio Porcayo Michelin

CONACULTA-INAH, México, 2004, 161p.

 

Durante los trabajos de salvamento arqueológico efectuados en 2001 en la Línea de Transmisión Eléctrica Chilpancingo-Chilapa en el estado de Guerrero, se localizaron y registraron 34 sitios de diversas etapas y culturas, vestigios que demuestran el gran desarrollo

 

Sobre el patrimonio cultural de Guerrero

 

La obra 20 años de registrar promover y difundir el patrimonio cultural de Guerrero (2009, 247 p.), coordinada por Gerardo Guerrero Gómez y editada con recursos de la Unidad Regional Guerrero de Culturas Populares, es sin lugar a dudas una importante contribución al acervo cultural guerrerense. Además de la presentación del coordinador, la obra cuenta con una introducción de Gerardo Sámano Díaz y un prólogo de María de los Ángeles S. Manzano Añorve. El coordinador explica el origen de este trabajo: "Una de las líneas de acción que también se le dio mucha importancia fue la recopilación de la información a través de la investigación, de esta manera se obtuvieron diversos artículos y ensayos sobre diferentes aspectos de la cultura popular comunitaria; muchos de estos trabajos elaborados por los miembros de los equipos radicados en las regiones y comunidades sedes, se publicaron en algunos medios de información escritos, y que incluso en algún momento la Unidad Regional llegó a tener un espacio permanente de difusión en algunos diarios de circulación estatal, regional y local: como "Diario 17 de Acapulco", "El Sol de Chilpancingo", "Vértice" y "Pueblo". // De toda esta memoria escrita, resultado de dos décadas de trabajo, presentamos al dilecto público esta obra en la cual reunimos una serie de artículos publicados en distintos años en el pasado, que es el antecedente inmediato de una línea de trabajo que la Unidad Regional Guerrero de Culturas Populares ha mantenido, sin desvincularse de la relación que se ha mantenido con los creadores, promotores y difusores culturales comunitarios. // En el contenido del presente libro encontraremos una diversidad de artículos que son muestra elocuente de que el Estado de Guerrero cuenta con un universo cultural diverso. Hay artículos que nos hablan de hechos históricos, los hay también sobre las fiestas tradicionales, actividades productivas, gastronomía, lenguas indígenas, personajes populares; en fin una serie de reseñas y crónicas que al leerlas, nos remiten a diversos espacios y escenarios, permitiéndonos conocer más en términos culturales a nuestro estado de Guerrero". Insistimos en que esta obra vale mucho la pena ser conocida por los guerrerenses.

[http://guerrerocultural05.blogspot.mx/2011/01/sobre-el-patrimonio-cultural-de.html]

Sara Castrejón. Fotógrafa de la Revolución en Guerrero

 

Samuel Villela Flores

INAH, México, 2010, p.152.

 

 

Hace un siglo, el 26 de abril de 1911, fuerzas maderistas al mando de Jesús H. Salgado y Leovigildo Alvarez tomaron Teloloapan. Desde el balcón de su casa-estudio, la joven fotógrafa Sara Castrejón accionó el obturador de su cámara, imprimiendo en el negativo de vidrio la primera imagen de la Revolución Mexicana tomada por una mujer. Es también, posiblemente, la primera fotografía de guerra tomada a nivel mundial por una profesional de la lente.

 

A partir de esa fecha, Sara C. hizo un registro en sus placas de todas las facciones combatientes, cubriendo la década del conflicto armado. Maderistas, salgadistas, carrancistas, huertistas, “pronunciados” y gobiernistas acudieron al negocio de la fotógrafa para tomarse la foto del recuerdo o para dejar constancia de su paso por la tecampanera ciudad. También fueron tomadas imágenes con propósitos documentales o como evidencias gráficas en los partes de guerra. De tal suerte que el material fotográfico que se ha podido rescatar conforma una galería de imágenes, un acervo testimonial que nos muestra el semblante y la figura de quienes ya no serán mas “el soldado desconocido” sino que tienen nombre y rostro.

 

El libro Sara Castrejón, fotógrafa de la Revolución, de la autoría de Samuel Villela Flores, da cuenta de la trayectoria y aportes de la fotógrafa. Conformado por 150 imágenes, de las cuales 91 corresponden a la Revolución, la obra da cuenta de los inicios de su labor profesional, su desempeño retratando a los diversos actores de la Revolución en el entorno regional y su labor posterior, hasta su fallecimiento, acaecido el año de 1962.

 

Por las páginas del libro veremos desfilar tanto a tropa como a oficialidad, a personajes como Aureliano Blanquet, Jesús H. Salgado, Héctor F. López, Félix P. Alvarez, Adrián Castrejón, Joaquín Amaro, Pablo Vargas, Silvestre Castro a) el ciruelo, Carmen Robles, Amparo Salgado y muchos personajes más que tendrían una destacada trayectoria durante y después de la Revolución.

 

La mirada femenina de la fotógrafa se plasmó en los detalles, en la apostura de sus retratados y acompañantes, en los artilugios de la decoración para la puesta en escena, aún en tomas al aire libre y la campiña. Esta mirada, que no tuvieron otros fotógrafos de la Revolución, hace necesario reflexionar sobre la cuestión de género en su labor.

Viaje de un naturalista británico por Guerrero a principios del siglo XX

 

Viajes de un naturalista por el sur de México, de Hans Gadow (Fondo de Cultura Económica, 2011) es un libro fascinante. Condensa los relatos de los viajes que el naturalista prusiano radicado en Gran Bretaña realizó a nuestro país en 1902 y 1904. Particularmente relevante para los guerrerenses es el segundo viaje porque se adentra, junto con su mujer, en el territorio y ecosistemas de Guerrero. Gadow describe con claridad sus pasajes por la entidad iniciando con las grutas de Cacahuamilpa, que en aquel entonces todavía guardaban cierto halo de virginidad, hasta abarcar la travesía en tren desde Iguala hasta el Balsas y de ahí, con apoyo de equinos, recorrer la Cañada del Zopilote, Zumpango, Chilpancingo, Tierra Colorada, Ayutla y llegar a la Costa Chica, a los pueblos de Copala, Marquelia, las Salinas y regresar por San Luis Acatlán, atravesando la Sierra Madre del Sur.

 

El libro de Gadow no solamente es un recuento científico y descriptivo de diferentes especies de flora y fauna que iba recolectando a lo largo de la travesía, o de la diversidad costumbrista, climatológica y minera; es una oportunidad magnífica para conocer la realidad natural y social de los guerrerenses en los años previos a la Revolución. Sus relatos y anécdotas lo mismo invitan a la reflexión de los problemas de vías comunicación entre las localidades porque, por ejemplo, en la Cañada del Zopilote "los arrieros calculan que el cauce fluvial se atraviesa más de cien veces"; que hacen repensar el problema de la administración de justicia cuando nos describe la forma tradicional de castigar a los criminales de aquél entonces: "llevaron a los criminales, según la costumbre, al lugar donde habían cometido el crimen, para dispararles [...]Luego fueron colgados en un árbol con un lazo pasado bajo los brazos, y dejados allí las veinticuatro horas que estipula la ley, para escarmiento de otros y prueba de que se había hecho justicia"; o incitan a la búsqueda de soluciones ante la concentración de enormes extensiones de tierra por algunos principales.

 

La obra del naturalista británico es un mosaico variopinto de olores, sabores, texturas, tradiciones y paisajes, así como de sonidos. Invita a conocer la inmensa riqueza forestal y fáunica de Omiltemi, con sus jaguares, ocelotes y venados cola blanca o sus diferentes especies de sapos, ranas, demás anfibios y reptiles; pero también el tesoro natural escondido en los hábitats costeros. El relato de Gadow incita a indagar sobre lo valioso del arte popular, a la vez que permite conocer los sinsabores y aciertos de la vida cotidiana de los pueblos, rancherías y villas del sur. Hay en el texto de Gadow, caminos intransitables, un gobernador formado en Estados Unidos, enfermedades tropicales, animales-planta y "serpientes" con "manitas". En él se condensan los conocimientos del hombre de ciencia bien informado sobre el terreno que pisa, así como el admirador de la riqueza arqueológica de los mexicanos. En suma, la extraodinaria travesía de Gadow significa una llamada a valorar el terruño suriano, además de generarse preguntas relacionadas con las soluciones del futuro.

(http://guerrerocultural05.blogspot.mx)

Revistas

Revistas

Tecuani (Boletín del Centro INAH Guerrero: Avances 2002-2004)

 

 

*Haz click aquí para poder ver el PDF del "Boletín del Centro INAH Guerrero: Avances 2002-2004"

 

Arqueología

Boletín Antropología Nueva Época No. 72

 


 

Fotomontaje en México: Razones sociopolíticas José Antonio Rodríguez. Algo más que la inocencia: (notas en torno a algunas coincidencias de la antropología y la literatura) David Martín del Campo Eric Jervaise: la fotografía como intuición Mauricio Carrera Aerocromacias: Felipe Ehrenberg Los investigadores vistos en la fotografía: Deborah Dorotinsky Anita Brenner en la fotografía mexicana y su expedición etnofotográfica a Guerrero. Samuel Villela F. Los caminos de Alejandro Casarín (1840-1907) Esther Acevedo Las huellas del paisaje en Alexander Von Humboldt.

 

 

 

 

 

 

 

 

Arqueología No. 30. Segunda época

 

 

 

 

 

Algo sobre papeles viejos de Palenque. Un caso de osteofitosis en un grupo doméstico del Clásico tardio maya: ¿Sederentarización o estrés físico? Sitios arqueológicos en el área de Teticpac, Guerrero.

 

 

 

 

 
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